Matehuala enfrenta una crisis de salubridad con el aumento descontrolado de perros callejeros. El problema dejó de ser una simple molestia sanitaria hace tiempo; hoy, se habla de jaurías agresivas que atacan y muerden a personas, generando un ambiente de miedo e inseguridad.
Es un grito desesperado de los ciudadanos que exigen a las autoridades una solución real e inmediata a un riesgo latente.
Coincidentemente con la tensión por los ataques, han surgido reportes preocupantes de envenenamiento masivo de perros en Matehuala y la región. Si bien es posible que algunos ciudadanos desesperados y frustrados opten por esta cruel venganza, el motivo exacto del envenenamiento es lo de menos, lo preocupante es la consecuencia.
Recurrir al veneno es un error grave en todos los sentidos, no es una solución, es un crimen que la Fiscalía General del Estado debe investigar. No solo es una acción inhumana contra seres vivos, sino que pone en peligro a niños y a otras mascotas, además de ser un riesgo sanitario.
El reto no es solo controlar la población canina, sino controlar la intolerancia y la violencia de las personas a las mascotas. La única vía para sanar esta crisis pasa por la tenencia responsable y la aplicación de la ley. Esto significa que se deben castigar realmente a quienes abandonan y matan a los perritos.
