Mientras los hogares de Charcas cumplen semanas con las tuberías secas, la administración de la alcaldesa Marisol Nájera ha decidido dar la espalda a la crisis más urgente de la población. La falta de agua potable ya no es solo una molestia, sino una emergencia social que parece no tener cabida en la agenda de una presidenta municipal más enfocada en la política de apariencia que en resolver las necesidades básicas de sus gobernados.

​El contraste con el resto de la región es evidente y vergonzoso. En diversos municipios del Altiplano, las autoridades locales han buscado combatir la sequía mediante la exploración de nuevos pozos y el diseño de estrategias de distribución que alivien la carga de los ciudadanos. Sin embargo, en Charcas la narrativa es distinta. Marisol Nájera ha dejado claro que la gestión del agua no es una prioridad para su gobierno, mostrando una indiferencia que raya en la negligencia ante el sufrimiento de las familias que pasan días sin poder bañarse o cocinar.

​La indignación de la gente crece ante la falta de proyectos de infraestructura y la nula inversión en el sistema hídrico. Mientras la alcaldesa se mantiene distante de la realidad que se vive en las colonias, la población se ve obligada a gastar lo que no tiene en pipas privadas o a mendigar el líquido vital. La ausencia de un plan de trabajo serio por parte del ayuntamiento confirma que para Nájera el derecho humano al agua es un tema secundario, dejando a Charcas en un estado de abandono total en medio de una de las peores crisis de su historia.

​La falta de resultados es especialmente grave considerando que Nájera se encuentra en su segunda administración consecutiva. Durante ambas campañas electorales, el compromiso de combatir el desabasto de agua fue su bandera principal para obtener el voto ciudadano. Sin embargo, a poco más de un año de haber iniciado su segunda oportunidad al frente del ayuntamiento, aquellas palabras quedaron en el olvido. Para la alcaldesa, cumplir con el suministro básico no es una prioridad, traicionando la confianza de las personas que esperaban que, tras años de promesas, al menos se garantizara el agua en las llaves un día a la semana.

Por EditorWeb