En las tierras áridas del Altiplano potosino, parece que el fuego no solo consume la maleza, sino que también alimenta las hogueras de las vanidades. Mientras los brigadistas y voluntarios se parten el alma sofocando incendios, la clase política local ha encontrado en las cenizas el escenario perfecto para un reality show electoral que raya en un acto histriónico. Aunque por supuesto que la ayuda siempre es de agradecer.
En Matehuala, el humo no ha impedido que la señal de internet fluya para las transmisiones en vivo de Tomás Zavala. Con el celular enfrente y el incendio de fondo, Zavala se asegura de que cada «me gusta» cuente como una futura intención de voto. Por otro lado, Iván Estrada no se queda atrás; su estrategia fue más «maquinal», fotografiando el equipo prestado en Estanque de Agua Buena.
Lo curioso, o más bien, lo cínico, fue la «felicitación» pública de Rita Ozalia Rodríguez, dirigente estatal de Morena en San Luis Potosí, quien no dejó pasar la oportunidad de exhibir el “altruismo” de Iván para colgarle la medallita al Movimiento. No es solidaridad, es mercadotecnia de desastres.
La fiebre del protagonismo se extiende hasta Santo Domingo, donde el alcalde Filiberto Rodríguez juró y perjuró haber estado al pie del cañón desde el minuto uno y se molestó porque los ciudadanos lo desmintieron. Es una escena recurrente ver a políticos que parecen más preocupados por el ángulo de la foto que por el viento creciendo el fuego.
La realidad es que ientras los ciudadanos ven con angustia cómo se quema su patrimonio, hay quienes parecen frotarse las manos esperando que el próximo municipio arda para poder estrenar su chaleco de «ayuda».
Nadie habla de colaboración. En el discurso de Zavala y Estrada no existe el «trabajamos juntos», solo el «yo ayudé». El trasfondo es la silla municipal. Ambos se disputan el favor de la gente con un ojo puesto en la posible y pantanosa alianza entre Morena y el PVEM. Si la coalición se concreta, el espacio será reducido y la pelea por ser el «elegido» se volverá más encarnizada. En esta danza de ambiciones, están jugando con fuego en el sentido más literal de la palabra.
En la política, el movimiento más sutil te puede catapultar o hundir. Pero usar una tragedia ambiental para escalar posiciones es una apuesta arriesgada. La gente de Matehuala y la región no necesita influencers, necesita servidores públicos que sepan trabajar en equipo sin necesidad de una cámara de por medio. Al final, el humo se disipa, pero la memoria del oportunismo se queda grabada en las cenizas
