​El gobierno estatal ha puesto en marcha diversas acciones para enfrentar la temporada de incendios en el Altiplano, que incluyen capacitaciones para brigadistas, entrega de herramientas y campañas de prevención. Si bien estos pasos son los correctos para intentar frenar los daños al medio ambiente, la estrategia se topa con un muro crítico al momento de proteger a las personas; con un sistema de salud que no tiene la capacidad de atender una emergencia grave la respuesta de reacción queda incompleta. Aunque se cuente con equipo para apagar las llamas, la realidad es que el plan de auxilio se ahoga en hospitales colapsados y sin personal suficiente.

​En el Altiplano, la situación es especialmente peligrosa porque el fuego suele empezar en zonas de muy difícil acceso. Por supervivencia, los habitantes de las comunidades son los primeros en salir a combatir el incendio mientras llega la ayuda, y después son los brigadistas expertos quienes logran entrar a los puntos más difíciles. Sin embargo, si alguno de ellos sufriera un accidente, una quemadura o una intoxicación fuerte, no existe una ruta de atención segura. El riesgo no es solo el fuego, sino la falta de una respuesta médica que pueda salvarles la vida en caso de un siniestro.

​Matehuala es el municipio más cercano y el lugar donde lógicamente se debería atender cualquier emergencia de la zona. Sin embargo, su Hospital General no cuenta con el personal especializado necesario para tratar a un paciente con lesiones graves por incendio. Al no haber especialistas en este punto clave, la única opción es trasladar a los heridos hasta la capital del estado. Esto implica un viaje de varias horas por carretera o el uso de una ambulancia aérea, pero el problema de fondo es que en San Luis Potosí tampoco hay especialistas disponibles ni espacios listos para recibir a estos pacientes debido al colapso del sistema de salud a nivel nacional.

​Al final, de poco sirve que el gobierno invierta en herramientas y cursos si no se tiene preparada la parte médica. Estar listo para un incendio no solo es tener agua y palas, sino garantizar que quien arriesga su vida tendrá un hospital con médicos capacitados esperándolo. Actualmente, tanto en el Altiplano como en la capital, ha quedado claro, a través de diversas experiencias de pacientes, que el respaldo no existe, dejando a los brigadistas y a los ciudadanos en una situación de riesgo frente a una emergencia que puede ocurrir en cualquier momento.

Por EditorWeb