El primer cuadro de Matehuala presenta una imagen de contrastes, mientras la actividad comercial intenta mantener el dinamismo en calles como Hidalgo o Juárez, decenas de fincas en ruinas y lotes baldíos resaltan en el paisaje urbano. Estas propiedades, ubicadas en zonas de alta plusvalía, permanecen en un estado de abandono que nadie vende, nadie renta y nadie arregla, convirtiéndose en barreras que frenan el desarrollo del corazón del municipio.
Una de las causas principales de este estancamiento en Matehuala es el conflicto de las herencias. Muchas casonas antiguas pertenecen a familias de larga tradición en el municipio que, al fallecer los propietarios originales, entraron en juicios sucesorios interminables. Al haber múltiples herederos, a menudo radicando fuera de la región, lograr un acuerdo para la venta o rehabilitación de la propiedad se vuelve una tarea casi imposible.
Mientras estos procesos legales se prolongan por décadas, las fincas quedan a merced del clima y el tiempo. Sin nadie que se haga responsable del mantenimiento, los techos de vigas terminan por colapsar, dejando solo fachadas que, además de afectar la imagen urbana, representan un riesgo latente para quienes transitan por las banquetas.
El fenómeno de los lotes baldíos en el centro de Matehuala también responde a una estrategia económica, pues al ser el suelo más caro del municipio, algunos propietarios prefieren mantener el terreno vacío, pagando impuestos mínimos por «lote baldío», a la espera de una oferta económica que cumpla con sus expectativas.
A esto se suma la complejidad de restaurar los inmuebles bajo estrictas normativas de conservación. Para muchos dueños, rehabilitar una finca antigua siguiendo los lineamientos arquitectónicos requeridos por el INAH resulta mucho más costoso que construir un espacio moderno en las periferias.
El impacto de estas ruinas va más allá. Los baldíos en el centro de Matehuala suelen convertirse en basureros clandestinos o espacios que generan inseguridad para los vecinos. El abandono de estos inmuebles deteriora la plusvalía de las propiedades colindantes y proyecta una imagen de descuido.
Sin mecanismos que resuelvan los problemas, como incentivos que faciliten la recuperación de fincas antiguas, el centro de Matehuala corre el riesgo de seguir acumulando escombros. El desafío es encontrar la forma de reactivar estos espacios «muertos» para que vuelvan a ser productivos y dejen de caerse a pedazos.





