La vida cotidiana en San Luis Potosí se ha visto trastocada por la incertidumbre tras los reportes del abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho. El eco de la violencia en el Bajío mexicano ha llegado con fuerza al estado, manifestándose como una parálisis logística que afecta a miles de personas que dependen de la conectividad mediante las carreteras.

El impacto más visible de esta crisis se concentra en la central de autobuses, que ha tenido que realizar un paro prácticamente total de actividades. Esta decisión busca evitar que tanto los viajeros como los choferes se conviertan en víctimas colaterales de la violencia que se ha desatado en las carreteras que conectan con los estados vecinos.

Entre los potosinos, el sentimiento predominante es el miedo a que el estado se transforme en una zona de guerra. La preocupación de que San Luis Potosí sea utilizado como refugio por células criminales que huyen de estados vecinos, o que se convierta en el escenario de una disputa abierta por el control del territorio, ha alterado el ritmo de la capital y de la zona del Altiplano. En municipios como Matehuala, Cedral, Villa de Guadalupe y Charcas, la inquietud es latente debido a la presencia previa de grupos delictivos y al reciente desmantelamiento de campamentos presuntamente del CJNG en las zonas serranas.

Este clima de tensión ha obligado a las autoridades a reaccionar con un blindaje en las fronteras con Jalisco y Guanajuato, así como con patrullajes preventivos en la capital y el Altiplano. Sin embargo, para la ciudadanía, el despliegue de la Guardia Civil Estatal y la Guardia Nacional es solo un reflejo de la gravedad del momento que tiene en silencio a las carreteras, los mostradores del la central de autobuses vacíos y en la angustia de una población que teme que la violencia del Bajío termine por asentarse en suelo potosino.

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