​El asalto al equipo de la presidenta Claudia Sheinbaum en la carretera federal 57 es mucho más que un simple evento delictivo pues pone en evidencia la fragilidad del control en las rutas del país. El robo de equipo profesional y dinero en efectivo a personas tan cercanas a la estructura presidencial ocurre en un tramo donde la vigilancia ha sido una demanda ciudadana ignorada por años. Este suceso deja una duda razonable sobre la naturaleza del ataque y genera interrogantes sobre si los delincuentes actuaron al azar sin saber a quién robaban o si se trató de una acción directa contra el personal del gobierno.

​Resulta difícil ignorar la complejidad de un evento de este tipo ya que uno se pregunta de qué manera pretenden los delincuentes negociar o dar salida a equipo especializado perteneciente al gobierno federal. Si los atacantes sabían quiénes eran sus víctimas el hecho representa un desafío abierto a la autoridad, pero si no lo sabían confirma que cualquier ciudadano está expuesto a la violencia sin importar su cargo o protección. Esta incertidumbre solo refuerza la sensación de que las bandas criminales operan con total impunidad incluso en zonas de alta presencia operativa como Guadalcázar.

​Este episodio también deja la evidencia de que al gobierno federal simplemente no le interesa la seguridad de la población. Los diálogos oficiales y las promesas de paz quedaron exhibidos como viles mentiras pues tras el asalto se montó de inmediato un despliegue policiaco masivo. Esta reacción inmediata deja claro que las herramientas y los elementos para proteger a los ciudadanos existen pero no se usan a menos que los afectados sean parte del círculo de poder. Es la prueba de que la Federación tiene la capacidad de reaccionar pero prefiere mantener los brazos cruzados ante el resto de la sociedad.

​Al final se confirma que la inseguridad persiste y seguirá sin ser atendida con la seriedad que requiere. Es una ironía dolorosa que el propio equipo encargado de difundir la imagen de la administración sea ahora el rostro de la estadística criminal en la región de Guadalcázar. Mientras no exista una estrategia real que recupere el control de las carreteras estos hechos seguirán ocurriendo demostrando que para la delincuencia no existen jerarquías mientras que para el gobierno existen ciudadanos de primera y de segunda.

Personal del propio equipo de la presidenta desmintió el hecho, sin embargo no hay una postura oficial para negar que hubiera ocurrido.

Por EditorWeb