Matehuala se ha convertido en un municipio con alto consumo de drogas, especialmente ingeridas por la población joven. De acuerdo a datos oficiales, la droga que más se consume es la marihuana seguida de la metanfetamina o comúnmente conocida como «cristal». Tras el incremento en los últimos años, la Ciudad de Las Camelias cuenta con doce centros de rehabilitación a fin de atender y alejar de este vicio a quienes buscan regresar a una vida alejados del consumo y lo que rodea tener la adicción.
El municipio tiene una gran variedad de espacios que ofrecen apoyo con especialistas en temas psicológicos y médicos. Si bien es un trabajo que favorece a las personas con problemas de adicción, estos centros albergan a un extenso grupo de entre 450 y 500 víctimas de las drogas. El impacto es brutal, pues en cada caso existen historias que fueron raíces en el camino para entrar al mundo del «autodaño».
Violencia, abandono, daños emocionales, gusto, son algunas de las causas detrás de los cientos de casos. Entender el por qué eligieron o cayeron en las drogas es un complicado cuando las razones se encuentran en una lista «interminable». Sin embargo, en este embrollo está otra cara de la moneda que es la de los gobiernos y las políticas públicas para contrarrestar el problema. Poco se habla de los trabajos de apoyo y de prevención. Historias evidencian que la adolescencia es el punto alto de la vulnerabilidad y comparten que ser convencidos por consumidores es tan fácil como adquirir drogas.
Existe de parte del gobierno la estrategia de combatir al narcomenudeo. Experiencias de vida contradicen el trabajo en seguridad, pues mientras haya consumidores habrá venta. «El ataque a esta problemática será efectivo cuando erradiquen la necesidad de envolverse en las drogas», señalan. Y esto, consideran, es una cuestión que no se atiende de raíz. Las secundarias, las preparatorias, son una incubadora de adicciones, pero poco se vigila o en muchos casos se ignora.
Quinientas personas representan historias de lucha personal, familiar; representan la ruptura de capital humano capaz de laborar, emprender o estudiar. Es reflejo de una sociedad lastimada y abandonada por proyectos gubernamentales que no cuentan con la suficiente infraestructura de rehabilitación accesible.
Por otra parte se encuentra el entorno familiar que, a pesar de ser víctima, es el primer filtro para detectar conductas de riesgo y enfrentar la problemática con apoyo emocional. Pero no se puede dejar de lado que hay personas con problemas de adicción que no pretenden salir de las drogas; hay familias que las solapan en el consumo, las protegen de sanos consejos y de castigos impuestos por las autoridades. Es evidente que el porcentaje de adicciones permanentes es mayor que aquellas que se combaten. Se trata de una suma de voluntades entre los gobiernos y la sociedad para atender de lleno las causas raíz y recomponer el tejido social.
