La noticia cayó por sorpresa: la Feria Regional de Matehuala (FEREMA) no inició como se esperaba. A pesar de la emoción de las familias y la preparación de los comerciantes, las autoridades decidieron posponer el evento de manera indefinida. Aunque esta decisión genera dudas, abre un espacio necesario para la reflexión sobre la importancia de hacer las cosas bien.

​Es fácil señalar la falta de planeación, pero hay una realidad que no se puede ignorar: si no existen las condiciones adecuadas, lo más responsable es no abrir. Una feria implica mover a miles de personas, instalar juegos mecánicos, escenarios y plantas de luz. Si alguno de estos puntos no ofrece garantías totales, el riesgo es muy alto. En este sentido, posponer el evento, aunque sea difícil para la economía local y la diversión esperada, es un acto de coherencia. Es preferible esperar un poco más a tener que lamentar un incidente por cumplir con un calendario.

​Ciertamente, queda una deuda pendiente con los habitantes de Matehuala y con quienes visitan la ciudad en estas fechas. La expectativa era alta y la frustración de muchos es comprensible. Sin embargo, la promesa de las autoridades es que la feria se llevará a cabo una vez que se resuelvan los detalles técnicos y logísticos. Para que sea exitoso, el evento no solo debe reprogramarse, sino que debe regresar con protocolos de seguridad revisados, instalaciones en perfecto estado y una organización que demuestre que la espera valió la pena.

​Por ahora, la carrera atlética del 4 de enero sigue en pie, lo que mantiene la emoción deportiva de las festividades. Mientras tanto, queda claro que la seguridad no es negociable. La FEREMA volverá, y lo ideal es que lo haga cuando pueda garantizar que cada asistente regrese a casa con una sonrisa y sin contratiempos.

Por EditorWeb