Mientras los ciudadanos del Altiplano esperan milagros de seguridad y agua para el 2026,
la clase política regional ya envió su «carta a Santa» pero con el Palacio de Gobierno como
remitente. En sus peticiones hay bienestar social, una búsqueda de candidaturas y, en
algunos casos, perdón por sus pecados públicos.
Cinthia Segovia, alcaldesa de Cedral, ha sacado su lista de buena conducta esperando que
en la capital le pongan una estrellita en la frente. Su mayor deseo es que su disciplina
política y las fotos con la gente se conviertan, por arte de magia, en una candidatura para
una diputación federal.
Javier Sandoval, presidente de Catorce, espera un milagro navideño para que el pueblo
mágico se desborde de turistas. Su argumento oficial es que necesita presupuesto para
«obras», aunque en el municipio todos saben que su verdadera urgencia es que no falte el
dinero para armar más bailes y fiestas, dejando que el Espíritu Santo se encargue de lo
demás.
Gerónimo García, presidente de Vanegas, se declara listo para lo que sigue porque, según
sus propios datos, ha cumplido promesas de campaña. Con esa confianza, su única petición
es que le aparten de una vez la silla de la reelección para no perder la costumbre de mandar.
José Reyes, alcalde de Venado, pide desesperadamente un «borra-memoria» para los
habitantes de su municipio. Tras el escándalo donde su novia exhibió que, luego de pedirle
matrimonio, él se echó para atrás alegando inseguridad, el edil sueña con que a la gente se
le olvide la humillación pública antes de que esa falta de palabra se convierta en un voto de
castigo.
Filiberto Rodríguez y Antonio Páez, presidentes de Santo Domingo y Salinas, han tenido que
juntar sus cartas a Santa para ver si así les hace caso. Su petición es sencilla pero parece un
milagro: que se acabe la robadera y que la seguridad regrese a sus calles, aunque ellos
mismos no sepan ni por dónde empezar.
Marisol Nájera, presidenta de Charcas, le dice al señor gordo que sueña con que los
diputados le regalen una reforma a la ley para poder reelegirse, que le eche una manita. Su
plan es quedarse otros tres años en el puesto para ver si, ahora sí, logra ganarle la batalla a
los cerros de basura que siguen adornando el municipio.
Juan Gómez, alcalde de Villa de La Paz, ha incluido en su lista de deseos un curso intensivo
de «carisma y humildad». El edil espera que se le quite lo prepotente antes de las elecciones
para que la gente se olvide de los malos ratos y lo vuelvan a ver como el «buen chico» que
jura ser.
Bernabé Mares, presidente de Villa de Arista, ya tiene las maletas hechas y pide que la
política lo «destierre», pero directamente al Congreso del Estado. Su estrategia ha sido
aparecer en todas las fotos de las carreteras que hace el gobernador, esperando que la
gente crea que él también puso aunque sea el chapopote.
Gumaro Verdín, presidente de Guadalcázar, le pide a Don Santa que saque su magia para
que el municipio deje de ser el escenario de enfrentamientos. Más que por la paz ciudadana,
le urge que las cosas se calmen para que su carrera política no termine siendo otra víctima
de la inseguridad.
Tomás Zavala, el diputado local, es el que más ganas le echa a los deseos de los demás. Su
petición es que a todos los alcaldes se les cumplan sus milagros, pues sabe que si ellos están
contentos, él tendrá el camino libre para cumplir su propio sueño: ser el próximo presidente
municipal de Matehuala.
Y usted… ¿Cree que Santa les cumplirá?





