Cada año, al llegar el mes de diciembre, el tramo carretero que conecta a Matehuala con la capital potosina se llena de familias, jóvenes y niños que se instalan a las orillas del camino. Su objetivo es pedir «su navidad» a los viajeros que transitan por esta zona. Esta actividad se ha vuelto una estampa clásica de la temporada, donde el intercambio de ayuda y la realidad económica de la región se encuentran de frente.

​El fenómeno ocurre principalmente por el regreso de los paisanos que viajan desde Estados Unidos. Los conductores suelen aprovechar los amplios acotamientos de la carretera para detenerse de forma segura y entregar ropa, juguetes o despensas que traen especialmente para estas fechas. Es un momento de solidaridad en el que quienes van de paso comparten algo de lo que tienen con las comunidades locales, las cuales enfrentan condiciones de vida difíciles en una zona donde las oportunidades de empleo son escasas y vivir del campo no les favorece.

​Sin embargo, esta práctica también genera opiniones divididas. Por una parte, representa un apoyo vital para que muchas familias del Altiplano puedan pasar las fiestas con algo de comida o cobijo ante la falta de cosechas y recursos. Por la otra, existe una preocupación constante por la seguridad de las personas que permanecen tan cerca de una vía donde circulan tráileres y vehículos a gran velocidad. El riesgo de un accidente es el punto donde la tradición choca con la realidad, ya que muchas veces hay menores de edad involucrados en estas dinámicas de recolección.

​Esta situación se repite año tras año sin que se encuentre un equilibrio entre la necesidad de las comunidades y la seguridad en la vía federal. Mientras la ayuda sigue llegando directamente de mano en mano, la orilla de la carretera se mantiene como el escenario donde conviven la generosidad de los viajeros y las carencias de quienes habitan el Altiplano potosino.

Por EditorWeb